Rodar una película podría ser una forma de reforzamiento comunitario y eso es precisamente lo que ha logrado el nuevo filme Erase una vez. Filmada en una remota aldea atayal en el norte de Taiwan, la comunidad de aborígenes se convirtió en tema y personajes de la obra que ganó un Premio Remi de Platino en la categoría étnico-cultural del 41º Festival Internacional del Cine de Houston (WorldFest), realizado en abril pasado.
Famosos por su tatuaje facial y habilidad en la tejeduría, los atayales, una de las 14 tribus aborígenes de Taiwan, se encuentran distribuidos en las regiones montañosas del norte, centro y este de la isla; como resultado de las migraciones de dicho pueblo desde mediados del siglo XVIII.
Hoy, las aldeas atayales se dispersan penetrando las fronteras del actual Parque Nacional Shei-pa, y constituyen una muestra de la vida y tradiciones del grupo aborigen, situación que hizo que la administración del parque comisionara el rodaje de una película.
"Todo comenzó con realizar una producción informativa sobre los atayales", dice Lu Szy-yueh, director del Estudio Mi Tierra Natal, un grupo que se dedica al reforzamiento comunitario. "Pero terminó en algo mucho más grande que lo que esperábamos".
Bajo el patrocinio de la dirección del parque nacional, y posteriormente respaldado por una Subvención de Conservación y Medio Ambiente de la Ford Motor Company, se creó un grupo del proyecto integrado por el escritor Walis Nokan; los productores de cine Chen Wen-pin y Pilin Yapu; miembros del Centro de Investigaciones sobre Pueblos Austronesios de la Universidad Providence, distrito de Taichung; así como la compañía de Lu.
"Decidimos que los atayales debían participar en el filme sobre ellos", explica Lu. Así, Erase una vez se convirtió en una película en lengua atayal producida por atayales acerca de la migración de su tribu.
Se volvió a crear un asentamiento tradicional para servir como trasfondo del filme en la aldea Cinsbu del poblado Jianshih, distrito de Hsinchu. Bajo la instrucción de los ancianos de la tribu, más de 400 residentes atayales de Cinsbu y la vecina aldea de Hsinkwan participaron en la construcción de tradicionales edificaciones atayales, incluyendo la casa del cacique, graneros y torre del vigía.
"Las viejas casas atayales no pueden ser creadas por diseñadores de escenario o equipos de construcción de fuera, tienen que ser construidas por los atayales", insistió Chen. "El proceso de construcción es significativo para nuestros amigos aborígenes, representando la revitalización de sus habilidades y destrezas artesanales tradicionales".
Tras terminar la construcción, los trabajadores se convirtieron en actores del filme que narra la historia de sus antepasados, que tradicionalmente se cree que vinieron del Monte Dabajian, uno de los picos más altos del Parque Nacional Shei-pa.
"Originalmente, tenía planificado hacer un documental sobre los atayales", dice Chen. "Pero, después de varios meses de estudios de campo en varias aldeas por todo Taiwan, me percaté que siglos de migración y mezcla con otras sociedades han expandido la composición de la tribu. Esto significa que el tema era ahora demasiado amplio para mi idea original, de modo que lo cambié a una película temática que enfoca en una cosa que comparten todos los atayales, el Gaga", explica Chen. El Gaga se refiere a la antigua historia de tres hermanos que salieron a buscar una tierra adecuada para cultivar y cazar. "De modo que pensamos que debíamos narrar la historia acerca del Gaga, sobre las migraciones de la tribu, como una forma esencial de vida y una relación con la naturaleza, agrega.
"En el transcurso de la historia, la tradición se ha roto, pero al participar en esta película, el pueblo atayal está redescubriendo su pasado", dice Yurow Yukan, un aborigen atayal que jugó el papel de jefe de aldea en el filme y es el único actor profesional en la obra. "Envisionamos y tuvimos la experiencia de cómo vivieron y emigraron nuestros antepasados, así como dónde radica el espíritu del Gaga", añade.
Para Chen y su grupo, el proceso de filmación también constituyó una oportunidad para mejorar el entendimiento mutuo entre los aborígenes y aquéllos que no lo son.
"Me encontré a mi mismo reescribiendo el guión y la trama cada día de filmación", indica el director. "Los sentimientos de los actores en el día de la filmación, los sueños que tuvieron la noche anterior, podrían dictaminar la trama de ese día. En realidad, solicitar sus puntos de vista en muchos detalles e incorporarlos en la película fue la mejor forma de comunicación y hacer las cosas".
"Las diferentes generaciones hablan atayal en forma diferente; pero, como el transfondo de la película ha sido fijado en una antigua aldea atayal, tuvimos la necesidad de pedirle a los ancianos que enseñaran a los jóvenes actores cómo hablar el atayal al estilo antiguo", señala Chen.
Por otro lado, como las diferentes comunidades podrían también hablar diferentes variaciones del dialecto, se tuvo que trabajar mucho en los diversos acentos de las localidades. "Algunas veces tuvimos que parar la filmación para discutir cómo debe ser descrita correctamente una trama", revela Chen.
El desafío de la película no sólo fue la necesidad de registrar la historia de la tribu, sino también el lenguaje, indica el director.
Le tomó al grupo un largo período de dos años para completar el documental de 24 minutos, pero hay algo más que vendrá de los organizadores del proyecto. Basado en el filme galardonado, Chen se encuentra ahora trabajando en una obra de largo metraje que mostrará la recolección de temas de esa antigua historia de migraciones. La nueva producción de Chen penetrará en los viajes que hacen los atayales en el día de hoy cuando tienen que buscar empleo lejos de sus hogares, pero retornan a sus aldeas anhelando reconectarse con su herencia cultural. Pilun Yapu, un cineasta atayal independiente, está editando otro filme que documenta todo el proceso de la producción de Erase una vez.
Lo más significativo fue que al terminarse de filmar la película, el asentamiento tradicional que fue vuelto a crear se convirtió en una propiedad de los atayales. Los pobladores de Cinsbu y Hsinkwan han formado un comité para administrarlo, a la vez que promueven el turismo y las industrias tradicionales. Algunas compañías cinematográficas ya han expresado interés en alquilar el sitio.
Erase una vez también fue selecionada como la Mejor Película en la Nueva Semana Internacional del Cine de Pekín, en junio pasado; y será proyectada en el Festival Internacional de Antropología Visual de Moscú, en el presente mes. El documental se mostró en la sede de la Administración del Parque Nacional Shei-pa hasta fines del mes de septiembre.
Adaptado del Taiwan Journal por Luis M. Chong L.