Artistas indígenas fomentan vínculos con expresiones culturales atemporales.
En muchas comunidades, el arte no es una actividad estética separada, sino parte integral de la vida cotidiana, impregnada de conocimientos ancestrales, significado espiritual y sabiduría ecológica. El arte visual indígena en Taiwán —desde tallas ceremoniales hasta instalaciones contemporáneas— representa una tradición viva. En el Museo Nacional de la Prehistoria, en la ciudad sudoriental de Taitung, el investigador Lin Jian-cheng señala que prácticas como el tejido, el tatuaje o la cerámica son vehículos visuales que conservan historias orales, identidades de clan y relaciones con el entorno.
Estas expresiones son manifestaciones dinámicas que evolucionan con los tiempos. “Lo que consideramos tradicional es fruto de generaciones de transformación”, explica Lin. Una nueva generación de artistas indígenas ha emergido para cuestionar marcos coloniales y reinterpretar saberes mediante formas contemporáneas.
Comprensión compartida
El arte visual indígena no solo preserva el patrimonio: también fomenta el entendimiento intercultural. Exposiciones, talleres y proyectos colaborativos entre artistas indígenas y no indígenas abren nuevos espacios de diálogo. “El arte permite que personas ajenas a las culturas indígenas se conecten emocional e intelectualmente”, afirma Lin, agregando que “un diseño tejido o un patrón pintado puede suscitar preguntas que desembocan en conversaciones sobre tierra, lengua y cosmovisión”.
En una sociedad diversa como la taiwanesa, donde la marginalización histórica ha generado malentendidos sobre las culturas indígenas, estas expresiones visuales desempeñan un papel clave. Motivos como el símbolo del sol en el arte paiwan o las serpientes fluviales en las leyendas bunun ayudan a transmitir valores que cuestionan narrativas dominantes. “El arte es una plataforma para que las comunidades cuenten sus historias a su manera”, añade Lin.
El museo impulsa esta labor mediante programas escolares, exposiciones itinerantes e iniciativas comunitarias, integrando el arte indígena en la conciencia cultural colectiva. Lin destaca un cambio: la transmisión cultural ya no se limita a vitrinas y aulas, sino que involucra a artistas que enseñan en sus aldeas con métodos basados en la tierra y el idioma local.
Aluaiy trabaja en una instalación utilizando la técnica tradicional paiwan de tejido lemikalik, que crea círculos como símbolo de interconexión. (Foto cortesía de Aluaiy Kaumakan)
Práctica heredada
La artista paiwan Aluaiy Kaumakan, reconocida por sus esculturas blandas, representa la conexión entre herencia e innovación. Desde niña aprendió técnicas textiles paiwan, especialmente el lemikalik, un tejido circular usado en ornamentos, ropa e incluso arquitectura. “El lemikalik lo conecta todo: personas y tierra, mujeres y comunidad”, explica Aluaiy.
Sus primeras obras evocaban la solemnidad ceremonial. Sin embargo, tras el tifón Morakot de 2009, que obligó a su aldea a reubicarse, su enfoque cambió. “La catástrofe rompió muchos vínculos físicos”, recuerda Aluaiy. Desde entonces, su arte explora la sanación, usando texturas suaves para reflejar la resiliencia colectiva. Sus tapices, elaborados con fibras vegetales, hilo y objetos encontrados, rinden homenaje al rol invisible pero vital de las mujeres en la comunidad.
En Black Stacking I, Aluaiy explora los temas de la sanación y la comunidad mediante capas de hilo y formas escultóricas. (Foto cortesía de Aluaiy Kaumakan)
En 2018, recibió el Premio Pulima de Artes Visuales. Su obra se ha exhibido en eventos internacionales como la Trienal de Yokohama, la Trienal de Asia-Pacífico y la Bienal de Sídney. En la exposición «Inherited Practice», en Londres, su pieza Finding a Habitat fue adquirida por la Galería de Arte de Queensland. Aluaiy imagina un futuro de creación colectiva, en diálogo con su comunidad, mayores y jóvenes.
Descubrir la historia
Para Hewen a ta:in tawtawazay, de raíces saisiyat y hakka, la conexión con sus orígenes surgió cuando su padre enfermó en 2017. “Me empezó a contar fragmentos de nuestra historia familiar que jamás había oído”, recuerda Hewen. Esta revelación la llevó a investigar las raíces de su familia en la comunidad Kaehkaeh’oe’an, en el distrito de Miaoli.
Hewen presenta su obra al público en el Museo Saisiyat, en el norteño distrito de Miaoli, compartiendo sus reflexiones sobre la herencia, la identidad y el proceso creativo. (Foto cortesía de Hewen A Ta:In Tawtawazay)
Su trabajo de campo consistió en visitar ancianos, mapear rutas migratorias con GPS y reconstruir campos en terrazas y lugares sagrados mencionados en relatos orales. Así creó el concepto de mapeo narrativo: obras visuales que combinan memoria, historia oral y geografía. “No solo recupero la historia de mi familia: creo un método para que otros hagan lo mismo”, explica Hewen.
Hewen no idealiza el pasado, sino que lo vuelve accesible para el futuro. “La innovación también es parte de nuestra tradición. Nuestros ancestros creaban nuevas herramientas, nuevos patrones”, dice. Ha liderado murales comunitarios con niños que ilustran relatos transmitidos por sus abuelos, fortaleciendo la identidad local.
En 2024, expuso Red Hair House Project y Lohizaw Crossing the Mountain en la Bienal de Yakarta, abordando la memoria histórica de Miaoli y el impacto del colonialismo. Además, produce un pódcast sobre identidad indígena y vida comunitaria. “Muchos invitados sienten alivio y claridad al compartir sus historias. Estas conversaciones son valiosas”, comenta Hewen. Su obra sonora refuerza el reconocimiento de las herencias saisiyat y hakka.
Hewen a ta:in tawtawazay traza rutas ancestrales para evocar memorias de movimiento y pérdida en Lohizaw, que en saisiyat significa “cruce de la cresta”. (Foto cortesía de Hewen A Ta:In Tawtawazay)
Combinando perspectiva indígena y forma contemporánea, Hewen reimagina la memoria saisiyat a través de materiales y espacios modernos. (Foto cortesía de Hewen A Ta:In Tawtawazay)
Diálogo creativo
Cada vez más instituciones adoptan modelos colaborativos que reconocen el arte indígena como una práctica viva. A través de exposiciones coorganizadas, residencias y nuevas estrategias curatoriales, se promueve una representación más equitativa. “Pasamos de exhibir a cocrear”, señala Hewen, añadiendo que “ahora participamos en decidir cómo se presenta nuestra cultura”.
En una exposición reciente, comisarió junto a otros artistas y mayores. “Llevamos nuestras voces, no solo nuestras obras. Hablamos del sentido de los patrones, de las canciones que debían acompañar ciertas piezas”, explica Hewen. Este proceso honra las tradiciones y cuestiona el papel hegemónico de los museos. “El museo deja de ser un guardián y se convierte en plataforma para la autorepresentación”, agrega Lin, añadiendo que “la cultura oral o ceremonial no se transmite bien en una vitrina. Apostamos por experiencias inmersivas con sonido, movimiento y ambiente”.
En Retratos de familia (2016), Hewen vincula cuatro generaciones de ancestros y descendientes mediante la delicada manipulación de fotografías de ella misma, su padre, su abuelo y su bisabuelo. (Foto cortesía de Hewen A Ta:In Tawtawazay)
Tanto Hewen como Lin subrayan la importancia de apoyar iniciativas culturales lideradas por indígenas, desde talleres locales hasta proyectos experimentales. Como afirma Hewen: “Nuestro arte no vive en un museo. Vive en nuestra respiración, nuestros pasos y nuestras canciones. Siempre está transformándose”.