Lo primero que puede uno decir sobre la China insular, sobre Taiwán, es que no se trata de esa colonia sujeta al imperialismo que nos quieren nacer creer. Ni tampoco de esa isla totalmente occidentalizada que ha renegado de sus milenarias tradiciones y renunciado a la identidad de su propia civilización. Al contrario es observable que, -quizá por el hecho de ser un poco una suerte de exiliados dentro de su propio territorio, de disfrutar de una parte de su país sin acceso al resto-; los chinos que viven en Taiwan han más bien exacerbado el sentido de su identidad nacional, y viven en función de ella, lo cual es palpable en todo, sin que ello signifique que han abjurado de ese pragmático mimetismo que caracteriza a su nación y que les permite absorber y trasmutar en beneficio de su propia nacionalidad, lo que de bueno, adaptable y útil encuentran en el extranjero y en los extranjeros.
Por ejemplo, la reforma agraria que han efectuado en Taiwan, propende a mantener -elevándolo- el sistema de vida del campesino chino, pero al mismo tiempo adapta experiencias y modelos de otros países, y en algunos aspectos positivos, calca el sistema israelí de cooperativas.
El Estado, dueño de la tierra, entrega a la familia campesina su parcela, digamos que en propiedad pero no del todo, porque uno de los atributos clásicos de la propiedad desaparece: la parcela no puede ser transmitida por herenica. Cada familia cultiva su parcela, y la asistencia técnica que recibe, basada en los más recientes hallazgos científicos, le permite recoger hasta tres cosechas anuales (dos de ellas de arroz). Los elementos de mecanización que la atención de la tierra requiere, están cooperativizados, lo mismo que el proceso posterior de mercadeo. Al terminar el año, la cooperativa líquida a la familia propietaria de la parcela el producto de su actividad, con las cosechas -eliminados los intermediarios- pagadas a buen precio. De esas ganancias, la familia paga lo que debe, que es factor muy importante porque durante los meses de cosecha -y de aquí un elemento sumamente original del sistema- la familia ha recibido la mensualidad necesaria para su subsistencia, la cual reembolsa al banco que es parte del sistema, cuando recibe su liquidación anual.
El tamaño de la parcela que recibe cada familia, varía según la fuerza de trabajo de que la familia disponga. Una familia con muchos hijos posee una parcela mayor que la de una familia pequeña. Todo depende en suma de la capacidad de la familia para cultivarla y de las necesidades que esa familia tenga para subsistir y educar a sus hijos. No hay nada rígido en suma. Dentro de una concepción general lo que se aplica es el conocido pragmatismo del chino que una vez que sienta las premisas básicas de una proposición, sabe moverse dentro de ellas con la flexibilidad que cada caso concreto requiere, y aplicando las intuiciones que son tan importantes en los pueblos de intensa vida espiritual.
Pero los chinos de Taiwan no se conforman con que su isla sea estrictamente agrícola, y se han lanzado a una política de industrialización en grande. No sólo la industria semi-artesanal propia de las sociedades emergentes, sino industria pesada. (Continuará en el próximo númuo)