Geología e historia en Yehliu.
En el cabo de Yehliu, que se extiende a lo largo de 1,7 kilómetros, se proyectan de manera sorprendente una serie de formas irregulares. Con un paisaje prácticamente inigualable al de otros lugares, en 2003 dicho emplazamiento se convirtió en el primer “geoparque” de Taiwan. Dotado de una rica vida silvestre, marina y aviar, su reputación se ha extendido por todas partes.
Gracias a la barrera formada por el cabo, hace más de 300 años Yehliu se convirtió en el puerto pesquero natural más grande de la costa norte. Pero tras la disminución en las capturas pesqueras, y con el limitado terreno del poblado de Yehliu, el sector privado, el mundo académico y el Gobierno se han unido en un esfuerzo contundente para superar la adversidad. Juntos están aprovechando la cultura local y el afecto por la tierra que prevalece en esta comunidad de pescadores para conservar la topografía única de Yehliu.
Los “fósiles corporales” de criaturas como el Astriclypeus yeliuensis y el Echinodiscus yeliuensis, dos especies de erizos de mar del Mioceno que solo se podían encontrar en Taiwan, se pueden ver fácilmente en el Geoparque Yehliu. (Fotos de Jimmy Lin)
Sedimentos antiguos
Hace seis millones de años, dos gigantes placas tectónicas, la de Filipinas y la euroasiática, colisionaron, iniciando la Orogenia Penglai, un proceso de formación de montañas que hizo que la isla de Taiwan emergiera lentamente del océano. Hoy en día, en la costa norte de Taiwan, proyectándose hacia el Mar de China Oriental, se encuentra como una bella durmiente una franja de tierra de 1,7 kilómetros de largo y 250 metros de ancho: el cabo de Yehliu, que alberga el Geoparque Yehliu. Con tan solo 24 hectáreas, esta “aula de geología viviente” se ha ganado grandes elogios de geólogos de todo el mundo.
Al igual que los anillos de crecimiento anuales de los árboles, los estratos (capas) de roca que se forman por la acumulación de sedimentos en el lecho marino, durante millones de años, son testigos de la evolución de la tierra. Cuando los poderosos movimientos de la corteza terrestre empujan dichos estratos rocosos sobre la superficie del mar, estos pueden ser esculpidos por el viento y las olas en nuevas formas, como las que se pueden apreciar en Yehliu, en el sector Wanli de la ciudad de Nuevo Taipei.
Mientras paseas por el Geoparque Yehliu, debajo de tus pies se ven claramente “fósiles corporales” de criaturas únicas de Taiwan, como el Astriclypeus yeliuensis y el Echinodiscus yeliuensis, dos especies de erizos de mar del Mioceno. Otros signos de vida, como las cavidades donde criaturas marinas de aguas poco profundas solían refugiarse, han formado preciosos icnofósiles. Estos fósiles se encuentran en los estratos rocosos principales de Yehliu, conocidos como Formación Daliao Mioceno, los cuales datan de entre 20 y 24 millones de años de antigüedad.
La Roca Carpa, que se ve aquí junto a varias rocas en forma de vela, se asocia con historias espeluznantes sobre los peligros a los que se enfrentaron las personas de Yehliu en su lucha contra el mar. (Foto de Jimmy Lin)
Los estratos rocosos de Yehliu están compuestos principalmente por piedra caliza, lutita y arenisca calcárea apiladas una sobre otra. Estas capas de roca tienen diferentes grados de dureza, y al sufrir la erosión por el viento, la lluvia y el agua de mar, algunas se transforman en gránulos de arena fina que son arrastrados por el viento o las olas, mientras que los nódulos de material más resistente se quedan atrás, permaneciendo tenazmente en pie. Por lo tanto, la composición de cada roca difiere según los ingredientes que se hayan retenido o perdido, y son estos materiales, posteriormente tallados por las manos hábiles de la madre naturaleza, los que dan lugar a los afloramientos de Yehliu, así como su apariencia variada y fantástica.
Geología viviente
Establecido en 1964 como el Área Escénica de Yehliu, el Geoparque Yehliu ofrece hermosos emplazamientos allá donde se mire. En dicho parque “la variedad de rocas en forma de vela es la más completa del mundo”, comenta con orgullo Marti C. C. Yang, director general del geoparque. Unas 180 rocas en forma de hongo se agrupan en el parque, y su dinamismo es sorprendente. Helena Tang, subdirectora general del geoparque, quien ha trabajado en el mismo durante más de dos décadas, observa que “los colores de las rocas cambian con las estaciones”. Un par de ellas que se asemejan a un hombre y una mujer antes dirigían sus miradas hacia el frente, pero ahora parece que el rostro de él se ha girado para mirarla. “Las rocas de Yehliu están vivas”, exclama Tang.
Debido a sus diferentes niveles de dureza, las partes de las rocas erosionan a varias velocidades, produciendo formas retorcidas y extravagantes. (Foto de Jimmy Lin)
Las rocas en el geoparque contienen muchas “coyunturas” o grietas discretas. Estas son puntos en los que una capa de roca debilitada libera presión de manera silenciosa, la capa se ha dividido en dos o se ha aplanado formando un canal. La fuerza descendente continúa de poco profunda a profunda, y eventualmente resultará en una “trinchera erosionada por el mar”.
La atracción más famosa del parque, la Cabeza de la Reina, llamada así por su parecido con el famoso busto de la reina Nefertiti de la colección del Museo Egipcio de Berlín, se ha mantenido erguida en Yehliu durante más de 4.000 años. “La parte más delgada del cuello de la Cabeza de la Reina ahora mide solo 124,6 centímetros”, apunta Yang. De manera alarmante, el punto de referencia principal de Yehliu está al borde del colapso.
Educación ecológica
“No debemos buscar trabajar contra el poder de la naturaleza, pero podemos evitar los daños causados por el hombre”, indica Yang. En 2006, el Gobierno encargó a Neo-Space International Co., Ltd. administrar el Geoparque Yehliu. La empresa insta vigorosamente a los visitantes a seguir las instrucciones de los guías del parque, a no salir de los paseos demarcados y a evitar tocar las rocas o pisotear el paraje.
“Diseñamos nuestros planes de acuerdo con el concepto de la UNESCO del ‘Geoparque Global’”, remarca Yang. El número de visitantes al parque alcanzó su punto máximo en 2014, estableciendo un nuevo máximo anual de 3.300.000 visitas y diario de 19.500. Neo-Space se centra en la educación ambiental. En 2012, el geoparque fue certificado por la Administración para la Protección del Medio Ambiente como un sitio de “educación ecológica”. “Hemos organizado 13 planes de estudios, y siete de ellos han sido certificados”, informa Yang.
Los pescadores de Yehliu son famosos por su práctica de usar luces para atraer a los peces a las redes. (Foto de Jimmy Lin)
En palabras de sus mayores
En 2004, Tang estableció la Asociación Cultural Pesquera Vasai, que toma su nombre del pueblo vasai, una rama de los aborígenes ketagalan. Tang fue elegida presidenta de esta y puso todo su empeño en trabajar para preservar valiosos materiales históricos. Sobre la base de entrevistas en profundidad, la asociación ha publicado tres libros que relatan el estilo de vida y la historia del “Pueblo de pescadores Vasai” de Yehliu. Desde 2012, se han organizado más de 170 excursiones y actividades, lo que ha dado renombre al pueblo.
El centro cultural de Vasai, denominado “Residencia Vasai”, se ha convertido en los últimos años en un lugar de visita obligada para explorar la cultura de los pueblos de pescadores. La creatividad sin límites de Tang está detrás del “Carnaval Cultural” de dicho pueblo, el cual ofrece actividades como la procesión del palanquín, el ritual de limpieza del puerto, el regreso a casa de Matsu y el aprendizaje sobre mariscos locales y otras especies. Dicho carnaval vincula el paisaje geológico de Yehliu con la cultura de los pueblos de pescadores mediante la participación de la religión tradicional, los productos alimenticios locales y la propia comunidad.
La asociación ha publicado Geoparque Yehliu a pie: técnicas y material de pesca, que detalla la evolución de los conocimientos pesqueros en la zona desde la antigüedad. Gracias a un préstamo de un aula de la Escuela Primaria Yehliu, dicha asociación también ha establecido un pequeño museo para preservar y exhibir los aparejos de pesca de épocas anteriores, asegurando que los visitantes y la próxima generación puedan experimentar más profundamente la cultura de los pueblos de pescadores.
El regreso a casa de Matsu: todos los años, durante el dieciseisavo día del cuarto mes del calendario lunar, se lleva a cabo una celebración que marca el regreso de Matsu al Geoparque Yehliu. (Foto cortesía de la Asociación Cultural Pesquera Vasai)
Testamento al espíritu local
“Reloj y pecho de piedra, una carpa salta fuera del agua, un ratón chupa el pezón de un gato”, recita Tang en una lengua local, evocando vívidamente las dificultades de la vida de los años pasados. Sus palabras hacen referencia a un par de rocas cónicas en forma de vela y la Roca Carpa detrás de ella. Por supuesto, un ratón está jugando con su vida si trata de succionar las tetinas de un gato. “Bajo la Roca Carpa había una zanja”, explica Tang. “Dado que las algas abundaban en ese lugar, prometiendo una buena captura, todas las mujeres locales querían recolectar algas allí”. Pero el terreno era traicionero, el viento era fuerte, las olas eran astutas y la roca resbaladiza. Si uno se cayera, no tendría la suerte de sobrevivir.
“La vida en el pueblo de pescadores era muy ardua, porque el océano es un ataúd sin tapa”, apunta con emoción Tang.
A medida que se agotan los recursos marinos, las personas que se ganan la vida en el mar son las que más lo sienten. “Las mujeres locales siempre han desempeñado un papel en el apoyo a sus familias”, comenta Tang. Dos abuelas octogenarias, las esposas de los pescadores Lin-Liu Bilan y Lin-Fang Caiyun, han vivido los buenos y malos tiempos de Yehliu.
El punto de referencia de Yehliu, la Cabeza de la Reina, permanece de pie entre las montañas y el mar. (Foto de Jimmy Lin)
“No hay tiempo que perder. Si no nos damos prisa, pronto será demasiado tarde”, señala Tang. A través de las palabras de los ancianos, el libro Tiempos dorados de antaño documenta una cultura que se está apagando, conservando recuerdos que de otra manera se perderían. La asociación lidera el camino para que los residentes participen plenamente en la preservación de materiales históricos y reliquias culturales.
“La Cabeza de la Reina no es nuestra única atracción”, afirma Tang, añadiendo que “todo Yehliu es un tesoro”. La imponente cuesta en el parque es exuberante y alberga más de 200 especies de plantas. Su bosque de hoja ancha es un paraíso donde las aves migratorias pueden detenerse en su viaje. Hasta la fecha se han registrado cerca de 300 especies. Dos corrientes oceánicas, ricas en nutrientes, traen vida marina diversa y tienen un gran valor para la investigación.
A lo largo de los siglos, el cabo de Yehliu ha cuidado de sus habitantes que viven entre la montaña y el mar. “Ubicados entre los tesoros legados desde lo alto, los residentes de Yehliu no han decepcionado a su benefactor, y tienen la intención de protegerlos con amor y transmitirlos de generación en generación”, sentencia Tang.